Mostrando entradas con la etiqueta Pargos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pargos. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de septiembre de 2012

Como Algodones



En la madrugada nos quedamos de ver con nuestro guía. El objetivo era cruzar desde Punta Allen hasta Callo Culebra. Navegamos cuarenta minutos sobre un mar totalmente quieto y con apenas unos destellos de luz. Buscamos la cara sureste del Callo para tener el sol a nuestras espaldas. El amanecer fue espectacular, fuimos fotografiando el bosque de manglar hasta llegar a un importante posadero de aves. Fregatas, bobos, pelicanos, garzas, cormoranes; era un mundo de aves. No dejábamos de disparar nuestras cámaras con telefotos, principalmente porque para nuestra sorpresa, las fregatas y los pelicanos cuidaban de sus polluelos celosamente. Muy lentamente nos fuimos acercando y descubriendo la gran cantidad de aves que esos manglares escondían entre sus verdes hojas. La mayoría de las veces es muy difícil describir estos espectáculos con pocas palabras y que capturen de manera simple lo que uno esta viendo. Pero ahí, quietos sobre la panga, nuestro guía nos dijo: “que bonito, parecen algodones”. No pude estar más de acuerdo.




Debajo de las aguas de Callo Culebra hay unos paisajes increíbles. Vimos mantarrayas enormes, sardinas, jaibas y un grupo de grandes sábalos. A mediodía tomamos un descanso para comer. Nos detuvimos en una pequeña playa arenosa, muy somera, donde fue colocado un faro para indicar la presencia del Callo. Desde la panga vi que había un tronco de palmera flotando muy cerca de la orilla. Sólo sobresalía la mitad del tronco, pero nunca imaginé que debajo del mismo hubiera la profundidad necesaria para que hubiera peces y otros animales. Con mi visor y mi snorkel tome fotos por varias horas. Al atardecer, regresamos a Punta Allen.

lunes, 9 de julio de 2012

“Economía verde”


Los manglares de la Península de Yucatán son extremadamente coloridos. Las aguas azul turquesa del Caribe Mexicano, los rosas de muchas aves y los verdes de los manglares, regocijan la vista de cualquier visitante.



Cruzamos a la isla de Holbox en un pequeño catamarán. Ahí nos recibieron pequeños taxis amarillos que nos llevaron a través de las calles del pequeño pueblo, con sus coloridas casa y restaurantes. Nos llovió mucho y apenas pudimos trabajar unos amaneceres y uno que otro atardecer. Pero con tanta biodiversidad y paisajes fue suficiente. Los flamencos, las espátulas, las iguanas, mariposas, una infinita riqueza de especies para enloquecer a cualquiera. Este es uno de los servicios ambientales que prestan los manglares y que no lo entendemos suficientemente. Tener y preservar una gran biodiversidad hace más productivos los ecosistemas que, a fin de cuentas, se traduce en más beneficios para nosotros.

De hecho, los manglares del Caribe lo demuestran perfectamente. Aquí se producen una enorme cantidad de pargos; peces que soportan una de las grandes pesquerías de México. También los robalos, las lisas, las mojarras, son ejemplos de las pesquerías que mantienen miles de trabajos en las costas de México y que se dan gracias a la presencia de manglares.



En 2008 colaboré en un estudio donde estimamos que el valor de los servicios que proveen los manglares a las pesquerías es de miles de dólares por hectárea cada año. Llegamos a esta conclusión a través de una combinación de estudios de campo, análisis geográficos y valoraciones económicas, y encontramos que una hectárea de mangle rojo, el manglar de franja que está directamente en contacto con el mar, mantiene una productividad pesquera anual de unos $37,500 dólares. Además, como parte del “interés” que arroja el capital natural, calculamos que el valor de una hectárea de los bosques de manglar rojo a largo plazo puede ser superior a los $600,000 dólares en un periodo de 30 años (tiempo equivalente a una generación humana).


No cabe duda, hay que cuidar los manglares para mantener los beneficios económicos de muchas comunidades costeras.